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Sat, Feb

El impresionante bono democrático adquirido por el presidente Andrés Manuel López Obrador, ante el fallido gobierno de Enrique Peña, en cuyas manos florecieron la corrupción, la impunidad, la simulación y el cinismo, está en peligro de deteriorarse por decisiones como la desaparición de las estancias infantiles.

Hay periodistas que han renunciado al mandato que tiene el periodista, de informar y cuestionar al sistema político y económico, sean del signo ideológico que sean los gobernantes. Se olvidaron de que son periodistas y ahora son aplaudidores y propagandistas, en el caso de México, del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

El sindicalismo mexicano, en manos de líderes corruptos, no representa los intereses de los trabajadores y menos los defiende. Los trabajadores van al garete, sin rumbo, y son la servidumbre de empresas y empresarios, que no respetan sus derechos plasmados en la Constitución. Los gobiernos de la derecha, especialmente Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, inclusive, reformaron la constitución para beneficiar a los patronos y los trabajadores no disponen de ninguna instancia que los defienda, inclusive del despido de la fuente de trabajo sin indemnización alguna, ya no digamos de los niveles depauperados del salario y de las otrora prestaciones sociales.

Llegó el momento en que el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, dé  un manotazo sobre el escritorio para provocar un hecho mediático, que conmueva positivamente a la opinión pública y les tape la boca a sus enemigos (no sus adversarios, señor presidente). No se entiende que la justicia haya amparado al cacique sindical de los petroleros, cuando tiene sobre si diversas denuncias y demandas relacionadas con una presunta corrupción. Nadie acepta el “punto final” que ha proclamado el mandatario. La gente de a pie espera que se haga justicia. La lucha contra la corrupción exige que los corruptos respondan ante la justicia, que los asesinos sean encarcelados bajo penas muy duras. Que los violadores y feminicidas, lo mismo, y los ladrones de gasolina, todos, sean refundidos en una celda sin derecho a libertad provisional. Y así con todos los delincuentes.

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